No quiero perder los buenos recuerdos, quiero por toda mi vida atesorar las huellas que dejan en el alma, las caricias, abrazos, besos o cualquier demostracion de afecto de mis seres mas queridos, entre ellos, mi mamá.Ella es una persona muy especial, para mi, la mejor mamá del mundo (eso siento yo). Logicamente ha cometido errores, pero eso es comprensible, en ningun lugar se puede aprender a ser padres.
Mi mamá tiene una alegria natural que trasmite a todos, increiblemente optimista, generosa, muy tolerante, responsable y trabajadora incansable, le cuesta entender como a alguien le puede caer muy mal otra persona, para ella todos son como son por alguna razón, y todos tienen su lado bueno... (en eso es demasiado inocente creo yo)
Aunque tengo 30 años, y muchos digan que es infantil, me encanta que me haga cariño y me abrase, me imagino que es como muchas madres, entrega el alma en cada cosa que hace por sus hijos, se desvela cuando unos de nosotros esta enfermo, sufre si uno de sus hijos sufre, se alegra con nuestras alegrias, se preocupa si ve a uno de sus hijos desorientado o sin rumbo, se desespera si siente que necesitamos algun tipo de ayuda y ella no puede hacer nada por nosotros.
Una de las cosas que jamás quiero olvidar, es la sensacion de las manos de mi mamá haciendome cariño, no quiero perder el recuerdo de su tibieza, de su entrega. Sus manos no son bonitas, según los parametros de belleza convencionales, las manos de mi mamá son asperas, llenas de marcas por los 45 años de trabajo que han pasado, se le irritan con mucha facilidad con los detergentes y siempre tiene alguna cicatriz pequeña de alguna quemadura, no usa guantes por que según ella le estorban, pero para mi, son muy reconfortantes, las mas queridas y bonitas que conozco.
Cuando la abrazo me siento cobijada y cuando miro sus brazos y sus manos, trato de grabar bien su imagen y sensacion al acariciarme, esa sensacion, que junto con muchas otras vividas con ella y otras personas a las que he amado, me da en momentos de soledad y frio, un poco de calidez emocional.
No me importa con los años perder cierta agilidad o gracia física, pero deseo profúndamente, que muchos dulces recuerdos me acompañen siempre, para en la vejez, tener la certeza de que algo viví, y no fue todo ilusiones o sueños.
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La imagen que acompaña a este blog, es de Eduardo Naranjo, año 1974.








